Un futuro sin conectarse a la red sería posible, pero sería muy triste

Interesante entrevista a Enrique Dans después de su charla en la Diputación de Lugo

Publicada en: http://www.enriquedans.com/

P. ¿La brecha digital se cerrará pronto en España,especialmente en comunidades muy dispersas como Galicia?

R. En un país como el nuestro en términos de renta media, la mayoría de la brecha digital no es un problema económico, sino cultural. Las personas que están en situación de exclusión tecnológica son, salvo escasas excepciones, personas que simplemente no manifiestan interés en lo que la tecnología tiene que ofrecerles, es decir, lo analizan con un profundo desconocimiento de sus posibilidades. Hoy, la postura tecnofóbica no puede defenderse con seriedad, no tiene lógica posible, y las personas que deciden conscientemente renunciar a ella lo hacen por simple ignorancia. La lucha contra la brecha y la exclusión digital ya no es tanto una cuestión de recursos económicos como lo es de educación.

P. ¿Qué futuro le augura a la prensa escrita tal y cómo la conocemos?

R. La prensa escrita tiene un maravilloso futuro por delante, nos dirigimos hacia una auténtica Edad de Oro en el periodismo. Pero por prensa escrita, por supuesto, no me refiero a prensa en papel: el papel fue la mejor manera – la más eficiente – de transmitir información… pero solo hasta finales del siglo pasado. Ahora ya no lo es, y la prensa tiene que tomar conciencia de ello y abandonarlo. El papel es ya únicamente un soporte obsoleto, ineficiente, absurdo, incómodo y que no ofrece ninguna ventaja concreta más allá del romanticismo o la costumbre. Y para muchos medios, es realmente su mayor problema, porque mientras cuenten con los ingresos del papel, aunque sean decrecientes, no serán capaces de concentrar sus esfuerzos en una buena propuesta de valor en la red.

P. ¿Quién ganará la batalla entre la industria musical y las páginas que ofrecen descargas gratuitas?

R. La batalla la ganarán los usuarios – en realidad, ya la han ganado. Pueden seguir obteniendo su música de donde buenamente quieran con total libertad, y simplemente están a la espera de que la industria deje de pelearse con molinos de viento y se decida a ofrecer sus productos en unas condiciones que conviertan en absurda la alternativa de recurrir a quienes se aprovechan del trabajo ajeno.

P. ¿Las grandes compañías de Internet y telefonía realmente nos controlan por completo?

R. No, no controlan nada. Simplemente intentan vendernos sus productos, o intentan generar sistemas de gestión de la atención que nos permitan recibir publicidad de una manera que nos resulte interesante y ventajosa. Algunas lo hacen mejor y otras peor. Y en el caso de las empresas de telefonía, intentan desesperadamente escapar de la comoditización, de convertirse en las siguientes eléctricas o distribuidoras de agua.

P. ¿Será posible vivir en un futuro próximo sin estar conectados a la red?

R. Será posible, pero muy triste. La red ofrece tantas cosas, que renunciar a ellas será el equivalente moderno de la decisión de convertirse en monja de clausura. Puedes hacerlo, sí, es una decisión que eres libre de tomar, pero es muy dura y muy difícil de justificar, porque supone renunciar a muchísimas cosas.

P. ¿Es posible controlar Internet por parte de los gobiernos o grandes empresas o es poner puertas al campo?

R. Es imposible. Puede plantearse por breves períodos históricos de tiempo, pero si se insiste irracionalmente en ello, llegaremos al desarrollo de soluciones tecnológicas que lo convertirán en imposible, y que darán además forma a un escenario que será peor para todos. Pero que sea imposible no quiere decir que no debamos protestar y manifestarnos en contra de ello: si no se lucha, no se consigue nada.

P. ¿Los costes por estar conectados tienen a abaratarse o se mantendrán?. ¿Si bajan mucho cómo lograrán ingresos los proveedores?

R. La lógica económica dice que los costes de conexión descenderán a medida que el desarrollo tecnológico incremente el ancho de banda disponible. Cada vez más empresas pugnan por ofrecernos conectividad: en Estados Unidos, Google se ha convertido en un ofertante de fibra en un número creciente de ciudades. Ante una oferta cada vez mayor, lo lógico es pensar en una tendencia a la baja.

P. ¿Que viene después de la nube?

R. Después de la nube viene más nube. Los datos vivirán no en un servidor remoto, sino en una constelación de servidores en la que se mueven constantemente siguiendo, por ejemplo, a la luna, para obtener mejores tarifas de electricidad en horas valle, y con los datos replicados en varios sitios a la vez para evitar problemas derivados de un desastre de cualquier tipo. ¿Dónde están tus datos? Imposible saberlo, están en la nube. Ya hay empresas que funcionan así.

P. ¿Qué le parecen las grandes cifras que se pagan por compañías cuyo resultado económico a veces se desconoce?

R. Las compañías ya no valen la proyección en el tiempo de los flujos de caja que generan, sino que su valor se calcula en función de lo que pueden generar en manos de un tercero capaz de obtener sinergias de lo que esas compañías hacen gracias a la combinación con los activos que tiene el comprador. Pinterest no valía mil millones cuando Facebook los ofertó por ella, pero un servicio como el suyo, unido a una máquina de vender y diseñar publicidad como la que tiene Facebook, la han llevado a que hoy valga mucho más. El caso de WhatsApp, sin embargo, no está necesariamente tan claro.

P. ¿Cómo podemos defendernos de los bulos interesados que circulan por Internet?

R. Tenemos que adiestrarnos en habilidades que antes pertenecían a los periodistas entrenados y con experiencia, como la validación de fuentes y la investigación. Creerse lo primero que se encuentra uno en internet es característico de usuarios ignorantes y con poca experiencia, a medida que se utiliza más, vamos mejorando nuestras habilidades para ver, por ejemplo, quién dice qué, en qué sitio lo dice, la credibilidad que nos inspira, la posibilidad de hacer búsquedas adicionales de comprobación, etc. Pronto, serán habilidades que se enseñen en los colegios.

P. En su libro habla de neohumanismo. ¿En qué consiste?

R. El neohumanismo es la importancia cada vez mayor de la persona a medida que la tecnología le ofrece más posibilidades de expresarse como tal, de manejar sus propios canales de comunicación. Antes, lo importante de una persona cuando entregaba una tarjeta de visita era el nombre de la compañía para la que trabajaba, era ese dato el que le daba más o menos

peso. Miles de personas disfrutan de mayor o menor autoridad por tener el cargo X en la empresa Y. En el futuro, la autoridad de la persona dependerá de quién es y qué ha hecho en su vida, no de para qué empresa trabaja en cada momento.

P. ¿Es imparable el software libre y recomienda su uso?

R. Por supuesto. La mejor manera de desarrollar es hacerlo con miles de ojos mirando, porque ante la mirada atenta de miles de ojos, todos los errores son sencillos de detectar y más fáciles de corregir. La calidad intrínseca acaba por ser mayor. Nada es más efectivo que la colaboración bien estructurada. Pero por supuesto, no todo tiene que ser llevado hasta sus últimas consecuencias, no hablamos de una religión, sino de decisiones empresariales.

P. ¿Los dispositivos informáticos seguirán siendo compatibles o algunos cree que desaparecerán?

R. Los dispositivos tienen una vida determinada, y terminan por ser sustituidos por otros mejores, o por la convergencia de sus funciones con las de otros que las absorben. No debemos “encariñarnos” con los dispositivos, son lo que se interpone entre nosotros y nuestros fines. Debemos estar dispuestos a probar cuantas más cosas mejor, a superar la inercia y la “pereza” ante el cambio, porque eso nos adiestra, nos hace más hábiles, nos enseña a ser más adaptativos, a tener una mejor actitud ante la innovación. Todo dispositivo puede ser “sublimado”, podemos hacer fantásticas fotografías con una cámara espantosamente limitada, pero debemos estar dispuestos a cambiarla si podemos acceder a una mejor.

 

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